Sillón № 17 – Horace Engdahl

Horace Engdahl nació el 30 de diciembre de 1948 en Karlskrona. Es escritor, historiador de la literatura y crítico, además de catedrático adjunto de Literatura Nórdica en la Universidad de Århus. Fue elegido miembro de la Academia Sueca el 16 de octubre de 1997 y tomó posesión del cargo el 20 de diciembre del mismo año. Sucedió al escritor Johannes Edfeldt, ocupando el Sillón número 17. Desempeñó el cargo de secretario vitalicio de la Academia Sueca entre 1999 y 2009.

Durante los últimos años de la década de los sesenta, Engdahl estudió Ciencias literarias en la Universidad de Estocolmo y se diplomó en 1970. Durante su periodo de doctorando, ejerció labores de asistente en el Departamento de Literatura entre 1971 y 1974. En 1977 editó, junto a sus colegas Arne Melberg y Anders Olsson, la antología Hermenéutica, que introdujo en Suecia esta tendencia perteneciente a la tradición continental relativa a la investigación literaria. El mismo año fundó, junto con el mismo círculo de literatos y críticos, además de otros escritores y artistas, la revista Kris, cuya influencia en la renovación de la visión sueca de la literatura durante la década de los ochenta apenas puede ser subestimada. Siguiendo sobre todo un modelo francés, la revista puso de manifiesto los espacios, aún en esa época desestimados en Suecia, colindantes entre la literatura, el arte y la filosofía; mediante la introducción de varios pensadores esenciales (como Jacques Derrida, Paul de Man, Theodor W. Adorno, Maurice Blanchot y Roland Barthes), se aportó savia nueva a las ciencias literarias suecas, la crítica literaria y la literatura misma. Además, se renovó la visión del romanticismo, el principal campo de estudio de Engdahl. En esta época también ejerció de traductor, por ejemplo, de las dos piezas dramáticas de Heinrich von Kleist, Amfitryon y Pentesilea (1987).

El mismo año defendió su tesis doctoral, un “ensayo en nueve secciones” titulado Den romantiska texten [“El texto romántico”], una innovadora reevaluación del romanticismo sueco. Sustituyendo la perspectiva biográfica y de la historia de las ideas, hasta entonces habitual en la visión del romanticismo, por una perspectiva retórica, y releyendo de cerca los textos, Engdahl posibilitó que saliera a la luz el lado olvidado del romanticismo: el aspecto textual. La atención que le presta al texto crea pronto escuela: “La energía sin fronteras del romanticismo no se libera hasta que se lee como texto y no como una visión de mundo.” Con la lectura cercana al texto, tanto de autores de la periferia de la Ilustración (Oxenstierna, Kellgren, Thorild, Lidner) como de otros más pronunciadamente románticos (Atterbom, Stagnelius, Almqvist, Tegnér), Engdahl sitúa “un nuevo estado del lenguaje”, cuyo rasgo primario es “la parafraseabilidad drásticamente reducida del texto poético. Si es que hubiera algo que pudiera llamarse tema para referirse a lo escrito, raramente podría distinguirse de las imágenes que constituyen el medio más importante para plasmar el tema de modo poético”.

Se editó sucesivamente una serie de escisiones en la investigación sobre el romanticismo: Om uppmärsksamheten (1988; “Sobre la atención”), con punto de partida en Tegnér; la antología Minnets svanar (1988; “Los cisnes de la memoria”), con una selección personal de la poesía romántica sueca; además del conciso comentario al poema de Erik Johan Stagnelius “Kärleken”, Stagnelius Kärleken (1996; “El amor de Stagnelius”).

Engdahl siguió formando parte del consejo editor de la revista Kris hasta 1988. El mismo círculo de personas inició poco después la serie de escritos críticos Kykeon, que ha publicado hasta ahora una decena de volúmenes, entre otros, Novalis, Herakleitos, Lichtenberg, Jünger, Perec y Blanchott, cuyos Ensayos fueron en parte traducidos por Engdahl (1999). Dentro del marco de Kykeon, Engdahl también fue responsable de la antología Obegripligheten (1992; “Incomprensión”), donde, entre otros, tradujo el ensayo de Friedrich Schlegel titulado “Om oförståeligheten” (“Sobre la incomprensión”).

Durante los años ochenta, también ejerció labores de crítica literaria y de crítica de danza, primero en el diario Expressen y posteriormente en Dagens Nyheter, periódico para cuya redacción cultural estuvo contratado entre 1989 y 1998. Siempre controvertido, Engdahl fue considerado durante un decenio como el crítico literario más prominente; sus críticas de danza fueron algo novedoso dentro del género. Gran parte de lo que Horace Engdahl ha escrito sobre la danza permanece inédito, pero un asomo de sus ideas sobre coreografía aparecen en el volumen inglés Swedish ballet and dance (1992).

La crítica literaria se encuentra en gran medida en diferentes publicaciones, como la voluminosa colección de ensayos Stilen och lyckan (1992; “Estilo y felicidad”). Estos concentrados ensayos ofrecen una imagen de la gran envergadura del crítico literario Horace Engdahl, con textos trabajados desde diferentes perspectivas sobre, entre otros, Chamfort, Montale, Barthes, Hoffmann, Hölderlin, Mallarmé, Poe, Calvino, Björling, Virgilius Maro Grammaticus y Erik Bekman. Estos ensayos, que antes se encontraban diseminados, muestran ahora una evidente uniformidad que se puede resumir más como un estilo que como una doctrina. Es un estilo observante de la lectura que se convierte en un estilo observante de la escritura –con agudeza intelectual pero al mismo tiempo con claridad, una claridad que no es tosquedad–. A pesar de que se puede decir que actualmente Engdahl se encuentra al otro lado de la teoría, todavía se le puede caracterizar como un escritor exigente.

La tendencia a desarrollar un género propio –sin predecesores nacionales pero sí con precedesores internacionales– es clara en Beröringens ABC (1994; “El ABC del tacto”). Se trata de un género que se sitúa desahogadamente entre la investigación literaria, la crítica literaria y la literatura, cuyos modelos internacionales son sobre todo Barthes y Blanchot. El encuentro con el texto literario es a la vez artístico y científico. Apeándose de un establecido canon engdahliano (Goethe, Schlegel, Stendhal) se lanza a la caza de “lo huidizo, lo más difícil de definir en el lenguaje”, esto es, el “tono” –la totalidad de una obra literaria emerge a través del tono–. O según lo matiza la siguiente cita: “Cada obra literaria establece un punto, a partir del cual la totalidad puede ser pensada. Leer una obra es lo mismo que escuchar el tono último que se entremezcla en toda entonación, una ausencia de ironía, que cada texto posee, aunque sea fuera de sí, como ocurre en un centro elíptico, situado en lo no dicho”.

En la colección de fragmentos Meteorer (1999; edición ampliada en 2003; “Meteoros”), Horace Engdahl se acercó aún más a la producción literaria. Se trata de una mezcla de textos breves y largos, muy reducidos y concentrados, en una tradición aforística que se extiende desde Pascal hasta Chamfort, Lichtenberg, Schlegel, Wallace Stevens. Quizás la mejor descripción del género se aprecie en las siguientes escuetas líneas: “El poema cede ante el pensamiento, como el combatiente de esgrima esquiva la estocada. El aforismo se permite ser penetrado, pero sin verter una gota de sangre”.
 

Photo: Helena Paulin-Strömberg
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